¿Qué a qué viene eso de vivía? Todo a su tiempo.
Tengo un hermano, Abel, de 11 años.
Nosotros, vivimos separados desde hace 5 años, debido a que mi padre murió, y yo me quedé con mis tíos Fernando y María. ¿Por qué no me quedé con mi madre? Aún no lo sé.
Antes de ayer, miércoles 10 de Agosto, tenía la sensación de que algo iba a pasar.
Llegué a casa del instituto, y mis tíos me esperaban sentados en la mesa, como todos los días. Pero ese no era un día cualquiera.
Acabé de comer, y fui a mi habitación a leer un rato. Cuando iba por el capítulo 7, me quedé pensando en mi madre. Hacía tanto que no la veía... Me quedé dormida.
De repente, tuve un sueño. Un tanto... raro.
Vi que estaba sobre volando encima de una ciudad. Una fuerza muy grande me atraía, no sabía que era, pero finalmente, cedí y dejé que me llevara la corriente.
Llegué a un amplio salón, con sofás negros y cómodos alrededor de una chimenea encendida.
En el sofá, había una mujer con un vestido blanco de lino y unas sandalias. También, había un chico, con unos pantalones vaqueros, una camiseta de manga corta azul y unas zapatillas naranjas. Pero ese chico me sonaba de algo...
-¿¡Abel!? - Grité abalanzándome a darle un gran abrazo.
- ¿Qué haces aquí, Cristina?Este es mi sueño...
- ¡Y el mío!
- ¡Queréis parar ya! - dijo la mujer que estaba con Abel. - Esto no es un sueño, es real. Debo comunicaros algo. Si estáis aquí no es una casualidad. Habéis sido los elegidos.
- ¿Elegidos?¿Para que? ¡¿Corremos peligro?! - dije yo.
- Todo a su tiempo, Cristina. Soy Clar, la diosa del cielo.
- ¿Diosa? - dijo Abel, extrañado.
- Sí. No hay tiempo para daros detalles. Mañana debéis estar en la Puerta del Sol (Madrid) a las 8.00 a.m.
- ¿Para qué?- dije yo, asustada.
- Mañana os lo explico. Hoy no hay tiempo. Adiós.
- ¿Cómo que...?
Me encontré en mi cama, con mi libro en mi barriga.
Llegó la mañana siguiente, y llamé a Abel para saber qué iba a hacer él.
- ¿Si? - dijo Abel.
- Soy Cristina - dije.
- ¿Cómo has averiguado mi número?
- Me lo dijo Tío Fernando. ¿Qué piensas hacer?
-Yo creo que deberíamos ir. Si es mentira o producto de nuestra imaginación, volveremos a casa.
Dijo Abel, muy seguro de sí mismo.
- Pero...
- Ni peros ni peras. Te espero allí.
Colgó el teléfono tan rápido que no me dio tiempo ni a rechistar.
Llegaron las 7. 40
Me dirigí hasta la Puerta del Sol, mirando a los miles de turistas que había haciendo fotos y comprando en las tiendas de recuerdos.
Cuando llegué, allí estaba Abel hablando con Clar.
- ¡Hola!
- Hola. - dije yo, asustada.
- Y ahora, ¿nos vas a contar lo que está pasando?- Dijo Abel.
- No. Cuando lleguemos. - dijo Clar.
- ¿Llegar?¿ A dónde? dije yo, preocupada.
- No importa.
- Oye, ¿por qué los turistas no se extrañan de verte aquí? -Dije yo.
- Los humanos no pueden verme.- Dijo Clar
- ¿Y por qué nosotros si podemos? dijo Abel.
- Vosotros... Da igual.
Hizo unos gestos raros, y abrió un agujero en una de las paredes.
- ¿Como has hecho eso?
- Soy una diosa, ¿recuerdas? Pero vosotros también podéis hacerlo. - dijo Clar.
- ¿Que nosotros qué? - dije yo extrañada.
- Ya lo emprenderéis.
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